Raíces de las actitudes de seguridad: pasado, capacitación y cultura

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En el sector aeroespacial, solemos decir que «la actitud lo es todo». Pero ¿de dónde provienen realmente esas actitudes? Y, lo que es más importante, ¿cómo pueden las organizaciones influir en ellas para lograr resultados seguros?

La Teoría del Comportamiento Planificado (Ajzen, 1985; 1991) nos dice que las actitudes no surgen de la nada. Se aprenden y se refuerzan con el tiempo, construyéndose a partir de creencias, valores y experiencias que llevamos dentro.

Las raíces de las actitudes de seguridad
Experiencias pasadas

En el sector aeroespacial, los acontecimientos pasados ​​pueden ser una de las mayores influencias en las creencias. Imaginemos a una tripulación de vuelo que sufrió una salida de pista en una superficie contaminada. Aunque nadie resultó herido, la experiencia dejó una huella imborrable: los informes de frenado y los códigos de estado de la pista ya no son solo datos, sino señales que podrían prevenir otro susto. A partir de ese día, la actitud de la tripulación hacia la precaución en las operaciones invernales cambió drásticamente.

Fuera del sector aeroespacial, un conductor que alguna vez aquaplaning bajo una lluvia intensa podría afrontar cada tormenta de forma diferente. Si antes conducía con confianza al límite de velocidad, ahora reduce la velocidad instintivamente y mantiene una mayor distancia de seguridad. El recuerdo de ese momento transformó su actitud ante el riesgo bajo la lluvia.

Ambos casos demuestran cómo las experiencias configuran actitudes duraderas que influyen en la evaluación de futuras opciones de seguridad.

Formación y educación

En la cabina de vuelo, el entrenamiento no se limita a memorizar listas de verificación. Durante el entrenamiento de Gestión de Recursos de la Tripulación (GRC), por ejemplo, a un primer oficial se le pueden enseñar frases específicas para desafiar a un capitán que pasa por alto un procedimiento. El verdadero cambio no está en el vocabulario, sino en la actitud: el primer oficial pasa de "No debería decir nada" a "Es mi deber decirlo". Cuando la presión aumenta, esa creencia impulsa un comportamiento más seguro.

En la vida cotidiana, piense en alguien que toma una clase de RCP. Al principio, puede dudar ante la idea de intervenir en una emergencia. Pero después de practicar compresiones en un maniquí, aprender a usar un DEA y escuchar historias de supervivencia, su perspectiva cambia. No solo conoce los pasos, sino que ahora cree que puede marcar la diferencia. Su actitud ante las emergencias se vuelve proactiva en lugar de pasiva.

La capacitación funciona cuando cambia no sólo lo que sabemos, sino también lo que valoramos.

Cultura de seguridad organizacional

La cultura puede ser el factor más influyente en la formación de actitudes. En un departamento de vuelo, un capitán que desvía el vuelo en caso de mal tiempo es felicitado por su buen juicio. En otro caso, la misma decisión es cuestionada por causar retrasos y un aumento en el costo del combustible. Con el tiempo, las tripulaciones asimilan estas señales. En el primer operador, los pilotos desarrollan la actitud de que las decisiones basadas en la seguridad serán respaldadas. En el segundo, las actitudes pueden inclinarse a "seguir adelante", incluso cuando surgen dudas.

La misma dinámica se da también en otros campos. En una obra de construcción, si los capataces elogian a un trabajador que detiene el trabajo tras detectar un peligro, el equipo desarrolla la actitud de que la seguridad es prioritaria sobre el horario. Pero si los supervisores se quejan de la "pérdida de tiempo", los trabajadores rápidamente adoptan la creencia de que la velocidad se valora más que la protección.

La cultura no sólo influye en el cumplimiento: enseña a las personas cómo pensar en la seguridad, lo que moldea las actitudes que adoptan en cada decisión.

Por qué importan las actitudes:
El metaanálisis de Armitage y Conner (2001), que incluyó 185 estudios, reveló que las actitudes suelen explicar entre el 30 % y el 40 % de la variación en las intenciones. En otras palabras: si se quiere predecir si una persona tiene la intención de seguir un procedimiento de seguridad, su actitud subyacente hacia dicho procedimiento es uno de los indicadores más importantes.

Por eso, las actitudes positivas en materia de seguridad son más que un simple "bienvenido". Impulsan que las personas se manifiesten, denuncien peligros y cumplan con las medidas de seguridad esenciales.

Cómo las organizaciones pueden moldear las actitudes
Como profesionales de la seguridad, no podemos controlar todas las experiencias pasadas, pero sí podemos influir en el entorno en el que se refuerzan las actitudes:

✈ Modelar el estándar. Los líderes que se abrochan el cinturón de seguridad, siguen las reglas de la cabina de vuelo y apoyan las maniobras frustradas transmiten un mensaje más contundente que cualquier memorando.

🏥Cuente las historias. Un hospital que comparte abiertamente las lecciones aprendidas tras un cuasi error de medicación fomenta actitudes duraderas sobre la verificación de dosis.

🛠 Reforzar la formación. Los escenarios de simulación fomentan la confianza en la cabina de vuelo; los ejercicios prácticos fomentan la convicción en la planta de producción. La formación que se siente real es lo que perdura.

✅Reconocer las decisiones seguras. Ya sea un piloto que desvía la línea o un trabajador de almacén que detiene la línea tras detectar un peligro, el reconocimiento público refuerza el valor de la seguridad.

💬Proteja la comunicación abierta. Es mucho más probable que los empleados de un taller mecánico, o las enfermeras de un hospital, informen sobre sus inquietudes si saben que no serán sancionados por hacerlo.

Reflexión final:
Las actitudes no solo “existen”, sino que se aprenden, se moldean y se refuerzan. Como demostró Ajzen, son fundamentales para lo que pretendemos hacer, y las intenciones son el mejor indicador de lo que realmente haremos.

Para los líderes, esto significa que moldear las actitudes de seguridad no es opcional. Ya sea en una cabina de vuelo, un hangar o una sala de hospital, influir en las actitudes es una de las maneras más directas de construir una cultura donde las creencias correctas impulsen las acciones correctas, siempre.

¿Cómo influyen las presiones sociales en la seguridad? En la Parte 4, exploraremos cómo las normas subjetivas —las expectativas de los compañeros, los líderes y la industria en general— influyen en las decisiones en la cabina de vuelo, el hangar y más allá.

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Referencias

Ajzen, I. (1985). De las intenciones a las acciones: una teoría del comportamiento planificado. En J. Kuhl y J. Beckmann (Eds.), Control de la acción: de la cognición al comportamiento (pp. 11–39). Springer.
Ajzen, I. (1991). La teoría del comportamiento planificado. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 50(2), 179–211.
Armitage, CJ, y Conner, M. (2001). Eficacia de la teoría del comportamiento planificado: una revisión meta-analítica. British Journal of Social Psychology, 40(4), 471–499.
Fishbein, M., y Ajzen, I. (1975). Creencia, actitud, intención y comportamiento: una introducción a la teoría y la investigación. Addison-Wesley.

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